Las dos versiones del show del medio tiempo del Super Bowl LIX.
Ayer, gracias a la inmensa y perturbadora división política de nuestro país vecino, y como caso sin precedentes, se llevaron a cabo dos espectáculos del medio tiempo del Super Bowl. Claro, solo uno fue producido y albergado por la NFL, lo cual lo vuelve, sin duda, el show oficial. Pero más de cinco millones de espectadores se molestaron en sincronizar en vivo la emisión de Turning Point USA, y, este, no es un numero para tomarse a la ligera.
Desde su anuncio, la contratación del latino puertorriqueño Bad Bunny causó controversia. Por un lado, la noticia no fue bien recibida por los absolutistas americanos que compraron el boleto de America First, y que no están abiertos a que un extranjero que no habla su idioma tome el escenario en el evento en vivo más importante y más “americano” de aquel país. Por el otro, y aquí entran perfiles como el mío, la decisión de la NFL causó indignación porque el “artista” anunciado NO ES ARTISTA. El señor no canta. No baila. No compone. No toca ningún instrumento. ¿Cómo es que alguien sin una pizca de talento pise el mismo escenario donde alguna vez caminó el artista del Pop más grande de todos los tiempos? Si, me refiero a
Michael Jackson. Y no, no son ni siquiera comparables en ningún aspecto, por
más que los medios izquierdistas intenten afirmar. Además, sus letras dejan
mucho qué desear. Si las transcribiéramos en hoja y papel, parecerían las
declaraciones de un agresor sexual que debería estar en prisión. No exagero.
Pero la decisión de Roger Goodell, el comisionado de la NFL, tuvo un objetivo muy claro: expandir las audiencias del deporte a niveles internacionales. Y, por eso, la iniciativa de asignar el escenario al artista latino más influyente de los últimos tiempos fue, sin cuestión alguna, una muy fácil de tomar. No tuvo ciencia.
Claro, después de asentado el polvo, y como se esperaba de algo tan polémico, hubo todo tipo de opiniones. Unos alabaron y otros condenaron. Unos disfrutaron y otros sufrieron el suplicio. Hay quien considera el espectáculo como el mejor de la historia, y hay quién dice que le salieron ámpulas en los ojos y oídos. Unos gozaron, y para otros fue un martirio.
Esto ya estaba cantado. Ya sabíamos que así iba a suceder.
Para poder analizar y dar una opinión sin agenda y sin influencia de mis convicciones políticas (como debe ser la labor de cualquiera que se llame a si mismo periodista) me di a la tarea de ver ambos espectáculos sin prejuicio alguno. El de Bad Bunny lo vi en vivo, claro, pues, como ya lo mencioné era el oficial, y el de TPUSA lo vi justo después. Y sí, la diferencia entre ambos fue abismal. Completamente dos mundos diferentes. Como si fueran artistas de planetas distintos. Le explico:
Por un lado, el show de Benito Cortez fue una puesta en escena representando los “valores latinos”. El hombre del campo trabajador, la boda familiar, la señora de la tiendita de la esquina, los viejos sabios jugando dominó, el niño acostado en tres sillas durante la misma boda, el carrito de refrescos, etc. A todo esto, claro, hay qué agregar a las bailarinas semi desnudas perreando y simulando el acto sexual con quien se les
pare en frente, y al conejo malo agarrándose los huevos con un rostro de pervertido
sexual en busca de su siguiente víctima. ¿Por qué lo describo así? Pues porque
yo voy de acuerdo con todo lo que se representó en ese medio tiempo menos con
esa obsesión de sexualizar, humillar y cocificar a las mujeres de manera tan
insistente. No, esa no es tradición latina. La mujer de nuestra tierra es mucho
más que eso. Y me extraña pues, si algo defiende el feminismo de hoy en día es
que las mujeres no son un objeto. Déjeme le digo, señora, que Bad Bunny tiene
otros datos.
Por el otro lado, los protagonistas de TPUSA abrieron su concierto con el himno nacional estadounidense al son de una guitarra eléctrica, bajo un show de luces laser y fuegos artificiales que le daba un toque enigmático y muy emocionante. A mí me encantaría que mi himno nacional fuera interpretado con esa magnificencia. Y desde ahí uno nota la enorme diferencia entre ambos conciertos. El de los patriotas americanos estuvo lleno de gente talentosa al micrófono, capaces de alcanzar notas que el señor Benito no podría lograr ni en sueños. Las canciones, en su mayoría, incluían letras que hablaban de Jesus y de los valores familiares. El ambiente era uno
emotivo y de paz. Al final cerraron con un video que, no le miento, me sacó un
par de lágrimas. Un discurso expresado por Charlie Kirk, activista asesinado
hace algunos meses, donde explica su filosofía de vida. En este promueve a la
familia, el patriotismo, y su incansable camino por encontrar un punto medio
que uniera a su país mediante el diálogo.
Como le digo, ambos espectáculos fueron completamente opuestos. Y, siendo muy sinceros, creo que, técnicamente, haciendo a un lado el hecho de que el joven de Puerto Rico no sabe cantar, el nivel de producción de ambos eventos fue bastante decente. Distintos, pero de gran nivel, cada uno en su estilo. Entonces aquí todo termina siendo subjetivo. Porque, hay gustos para todos, y sería un error decir que Bad Bunny no es estrella mundial (aunque yo no me explico el cómo llegó a serlo) y que su nombre, por la razón que sea, está en la exclusiva lista de aquellos lo
suficientemente grandes como para invitar al evento. El hecho de que no hable
inglés y que los estadounidenses no hayan entendido la letra no me causa
problema alguno pues, yo soy mexicano, hablo español, y tampoco le entendí
nada. Y sí, el mensaje promueve las costumbres latinas (aunque algunas no lo
sean), y deja muy en claro que America significa el continente, no un país en
lo individual. Como mexicano, esto definitivamente fue de mi agrado.
Pero si me pregunta cual evento me gustó más, tengo que ser sincero y decir que lejos, y por mucho, me gustó más el concierto de TPUSA. Y no porque esté en contra de Benito y su falta de talento artístico o su agenda de izquierda, sino porque, sencillamente, el concierto de los patriotas americanos estuvo lleno del estilo de música que a mi me gusta. Y porque, valuando ambos lados, yo preferiría, infinitamente, que mi familia y mis descendientes tuvieran los valores que presentaron de este lado, y que se alejaran de todo lo que huele al conejo malo y su obsesión por sexualizar absolutamente todo. Y bueno, el hecho de que TPUSA haya contado con artistas reales, guitarristas, bateristas, violinistas, y a capela, también hizo mucha diferencia a la hora de inclinar mi opinión hacia ese lado.



